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16.12.06

ESPIRAL (PERDÓN POR LA RALLADA)

No hay Mew, no hay Flotation toy warning, no hay Cranes y claro, tampoco White rose movement.
-Perdone... Estoy en la zona de música, ¿verdad?
-Sí, pero esos son de importación, y en el ordenador aparece como que no queda ninguno.
Vuelva usted mañana. Pues nada, chiquilla, tú ves aprendiendo idiomas que si quieres buena música tendremos que viajar. A mí ya me va bien, porque así puedo historiear en el tren, quién sabe si Transiberiano, si Orient Express. Ave no. Por aquí llevan años construyéndolo. Se nos da bien eso. (Véase Sagrada Família).
Tren de ida: White rose movement. Hay que empezar el día con alegría, chavales. Comida con Ale en un frankfurt. La excusa para hablar con la gente que interesa de tu mundo.
-Dos Quilmes, por favor.
Soy de River. Concretemos por favor. Soy del equipo de mi ciudad ante todo, simpatizante del At. de MDD y como el fútbol sin un argentino melenudo macanudo no sería fútbol, pues sí, del equipo rival. Incongruencias vitales. Gracias.
Un Krakoski para Al y una Húngara para mí, para recordar un poco el temario, que se acerca el examen. Café en un libanés. Ya ves, somos así de chulos. Ale parece una cabina telefónica que no deja de sonar. A mí no me importa, así puedo observar a la gente. Ali en un cuarto de hora. Sí, el destino juega con los nombres. A ellos les ha tocado ser Ale y Ali. Queda gracioso. Esperemos que para siempre, aunque todos sabemos qué.
Busco grupos que hacen que tu cara me muestre una mueca extraña, Aitor.Ya sé que no están: he estado media hora buscándolos en vuestra maravillosa oferta musical de tres plantas estilística y alfabéticamente ordenada. Pues nada. Peter Murphy del 85 está de oferta. Me lo llevo, por supuesto.
Libros. Qué nervios. Debo ir rápido, no puedo estarme ocho horas, no puedo estarme ocho horas, no puedo estarme ocho horas.
-Perdón. ¿Historia de las letras? Editorial Espasa. De Salvador y Lodares.
-De quién. ( La chica es francesa )
-Es que del nombre completo no me acuerdo.
-No. Lo siento. Me sale Historia de las mujeres, pero de las letras no.
-No se preocupe, si no es el primer sitio en el que me lo dicen. Muchas gracias de todos modos.
Sigue buscando.Poesía. Busco a Panero, justiciero de pan lleno en un Agujero llamado Nevermore. Visión. Me lo llevo. Pero no era eso lo que busco, siempre con el vicio. Kundera.La insoportable levedad del ser. Me lo llevo. Gracias por recomendarlo. Seguro que lo disfruto. Era una cuenta pendiente.
Auriculares. Cedés vírgenes para sentirme Francis Drake. Pago. Me voy. Cigarro. Observo .Tren. Panero. Este loco es muy bueno. Sueño. Malcolm Middleton. Este tío me gusta. Su guitarra y su mundo. Bienvenido a mi mundo. Sueño. Bella chica con rastas al abrir los ojos no me saca los ojos de encima. Me froto los ojos. Literalmente. Metafóricamente. Cosas de la autoestima.
-Aquesta és l'última estació.(Voz invisible)
Bicicleta. Sigo a la chica de rastas. La adelanto para verla y que me vea. El juego ha terminado. Carretera. Acera. Esquina. Hombre que me mira con cara de casi me atropellas chaval (seamos correctos con las palabras: pueden ir niños a bordo) !!!Perdón!! Si quiere le doy la vida, señor. No se lo digo, no. Por favor. Ya me conocéis. Soy, como dijo Machado, “en el buen sentido de la palabra, bueno”. Carretera. Acera.Candado. Peluquera:
-Perdón, no es por curiosear (curiosa) pero hace tiempo que no vemos a Ma.
-Sí, lo dejamos hace tiempo.
Dejémoslo ahí. Llaves. Casa. Ordenador. Nesquik. Cigarro. Letras que aparecen con zaijian xiao y Peter Murphy porque no hay Mew, no hay Flotation toy warning, no hay Cranes y claro, tampoco White rose movement.

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10.12.06

PENTAGRAMA

En ocasiones borraría recuerdos para proseguir con su existencia. Sucede que hay días en los que antes de irse a dormir desea llorar, pero necesita lágrimas, y ya no quedan en sus ojos secos. Otros, su rostro se ve impregnado de una sonrisa que luego resulta ser más etrusca que de comedia griega, y se sumerge en contar manchas celestiales que iluminan sus noches de tristeza, en dibujar con las nubes imágenes que se desvanecen con el viento. Súbitamente, una canción lejana le recuerda una situación acontecida hace no mucho tiempo, y desea llorar, pero ya no puede, ya no quedan lágrimas en sus ojos secos. Su cama es un manto de flores marchitas que crujen en cada media vuelta que la incomodidad le obliga a dar, un lecho cubierto de dobleces de un azul oscuro difuminado hasta llegar al celeste. Piensa en cambiarlas por el verde, pero seguramente mañana tampoco lo hará. No puede dormir. Demasiados recuerdos en los que pensar, por los que penar. Demasiados buenos recuerdos que olvidar, demasiado dura la muerte. Y decide escribir en su diario, porque quizás de esta forma el sueño le sobrevenga en forma de danza para palabras en do menor con la que componer la nana de esta noche. Se ensimisma poco a poco, de tal forma que los dedos de sus pies se convierten en el pentagrama que ha de rellenar. Con los dedos de la mano derecha apunta cautelosamente las notas que imagina, y lentamente van cubriendo su cuerpo, alargando las cinco líneas de la partitura desde los delgados tobillos hasta los hombros de deidad femenina, siguiendo el compás, con un magistral ritmo. Las notas fluyen en su cabeza, cubren su cuerpo, hasta que se convierte en la canción que esta noche la ayuda a dormir. Al despertar, encontrará de nuevo su cuaderno de notas vacío, pero recordará la nana de anoche y sonreirá, sonreirá hasta que los antiguos recuerdos que aparecen en las noches tristes conviertan su sonrisa de comedia griega en una etrusca, y desee de nuevo llorar, contar estrellas, imaginar nubes, cambiar el azul, convertirse en pentagrama.

10.11.06

ESTANTIGUA

Moriste, juro que hubo un día que moriste
y al cabo te presentaste en forma de lágrima,
de mar inmenso,
(Mar y nada más,
siempre dando más),
mar lejano imperfecto,
mar al que amar,
de amarillas aguas otoñales,
de hojas, de árbol, de sauces,
( no podías ser otro árbol:
el eterno lacrimoso que devoro con miradas penetrantes),
mi hada, mi amada,
mi ángel guardián que resucitaste
para subiendo escaleras encontrarte
y encontrarme sin encontrarnos,
que suben,
que bajan,
empiezan y se acaban,
se acaban,
se acaban,
por qué todo se acaba...
Anoto la nota de tus labios
como música diciéndome te quiero,
como recuerdos agobiantes que no quiero perderlos
pero tampoco tenerlos
porque me duelen,
y huele a sauce y lacrimosa,
a crimen de dos almas rotas,
justiciero de pan lleno en un agujero llamado Nevermore.
Me dueles, como a todo el mundo me dueles,
y no quiero otra cosa que el dolor que tú sientes
para liberarte de las serpientes
que atolondran tus sienes,
que se alimentan de tu mente
y un corazón doliente.
A menos, como siempre de más a menos,
como siempre te echo de menos.
Queda algo al menos:
la flecha con la que a mi corazón asesinaste al amarme,
la flecha que si arranco un barranco y al suelo,
como ya te dije al cielo,
al infinito,
eternos,
etéreos,
estantiguos,
estáticos ante el amor antiguo.
Y pensar que moriste,
que hubo un día que moriste.

4.11.06

LA CAÍDA DEL HOMBRE PÁJARO

La noche es fría. La luz se dejaba entrever sobre unas montañas que, a lo lejos, cobijan un frondoso bosque de sauces llorones. En un claro de ese bosque una luz encendida que, a lo lejos, no es más que una triste chispa. En esa casa, un hombre desahuciado por los acontecimientos de la vida lloraba lágrimas que el amor sólo otorga a los mortales merecedores de conocer la amplitud del verbo amar. El alma del hombre era una telaraña hilvanada con sentimientos a veces prematuros, a veces tardíos. Su mente, un cenicero repleto de minutos perdidos intentando encontrar una solución.
La noche es oscura. La luna llena hace tiempo se despidió, ocultándose detrás de un horizonte sempiterno. Las olas compiten con los sauces llorones y encrespan el mar ayudadas por el viento que agita las delicadas ramas del triste bosque. La casa del claro está vacía. El hombre camina lento y sin sombra bajo un cielo inundado de estrellas que centellean, cabizbajo, absorto en sus pensamientos de autodestrucción mientras una lágrima que lentamente resbala señala en su rostro el camino que instantes antes recorrió la perla salada que ahora pertenece al suelo del bosque de los sauces llorones. Su mirada destila rabia. Su rostro, impotencia .Su corazón... su corazón no siente nada.Cuando el eterno palpitador lo da todo y después descubre que quien lo ha llenado te está engañando se vacía súbitamente, y sabemos que todo lo que está vacío pertenece al mundo de los muertos.
El hombre va en busca de su muerte, y qué mejor lugar para morir que el acantilado desde el que había visto tantas veces junto a élla la salida de la luna sobre las montañas lejanas y su puesta bajo el siempre eterno horizonte.
La caída del hombre pájaro es de una belleza plástica aplastante, equiparable tan sólo a la de un ahorcado. Tras un largo salto, el hombre pájaro extiende sus brazos lateralmente, sus piernas rectas, inmóviles, sus ojos cerrados que no impiden la caída de una última lágrima, ésta de deseo cumplido. Los labios sonrientes, el corazón inerte.
El descenso del hombre pájaro no es más que un libre ejercicio de dejar hacer, de abrir completamente todos los sentidos y disfrutar del placer que se siente cuando un sueño se ve cumplido. El cuerpo del hombre cae y cae, cae con tanta gracia y rapidez que la atracción que la tierra, oculta bajo las olas y las rocas del mar, ejercen sobre él parece una declaración del mutuo amor que ambos llevaban meses esperando.
El golpe del hombre pájaro es inevitable. Su cuerpo no es más que un bulto estampado y destrozado por aquella roca que ambos bautizaron, cuando aún creía en el amor, como La cruz de Satanás, una cruz que ahora está rodeada por una tenue capa de agua carmesí, pedacitos de carne, órganos sangrientos y el aroma de muerte añorada.
La muerte del hombre pájaro no importa: hacía meses que había muerto.

28.10.06

LA RATA Y EL ASESINO

Situado en el centro inexacto de cuatro paredes descomunalmente altas un ser humano abocado a la miseria extiende sus sangrientas manos al cielo clamando libertad. Las uñas que antaño utilizaba para despellejar jóvenes ahora no son sólo carne viva y grumos de sangre : son el signo de la derrota del mal. Su cabello, antaño dorado y extremadamente largo, no es más que una maraña de olores e insectos de toda suerte, trampa humana que nuestro observado ser humano utiliza para sobrevivir. Su cuerpo es del mismo grosor que el hilo del que pende su vida. Sus carnes, oscuras por la constante ola de calor que azota en estos tiempos el planeta. Sus pies gastados y cansados.
Las cuatro paredes son negras y descomunalmente altas; el tamaño del recinto no debe ser más grande que diez metros cuadrados. En una de sus esquinas se amontona una gran cantidad de excrementos e insectos vivos y muertos que son hijos de la suciedad del ser humano. La cautividad ha convertido a nuestro hombre en un parricida, como la libertad y una mente extraña lo transformó en un asesino de jóvenes vírgenes.
En estos momentos el prisionero se dirige a la esquina en la que suele orinar y cubre el suelo con un manto de dorado líquido. Se rasca el cuero cabelludo con la palma de su mano derecha y se arrodilla hasta que su cara se sitúa a dos milímetros aproximadamente del piso y, con su lengua, lame el líquido del que sse sustenta.
Los ojos del asesino no expresan nada. Casi con total seguridad cambiaría su bebida de hoy por la sangre de aquellos que un día murireron porque este ser se cruzó en sus vidas.
El ser humano se dirige hacia la esquina endonde los insectos se pelean por las defecaciones de la persona que no expresa nada con la mirada. Los insectos se nos presentan caníbales, debido quizás a los genes transmitidos por su padre el asesino. Con un movimiento rápido de cabeza los pelos del hombre cortan el viento: siete moscardones se enredan en su cabello y agonizan. Con esmero y ansia el asesino de vírgenes desenreda a sus creaciones y las engulle. Son el único alimento que puede permitirse entre aquellas paredes. Mira el suelo y divisa a dos metros de él tres cucarachas. Parece que hoy está teniendo buena suerte.
Con el estómago lleno camina hacia una de las esquinas que utiliza para dormir. Esta vez el sol le obliga a refugiarse en la que queda a la derecha de la orina. El prisionero mira el líquido un momento y camina hacia él, se detiene, dobla sus rodillas y, situando su lengua a dos milímetros aproximadamente del suelo, la impregna de aquel líquido que creó él mismo. Se levanta y se dirige a la esquina de la sombra, se tumba e intenta dormir. Pero un ruido llama su atención. Un ruido que llega desde atrás. Se gira y observa con estupor cómo un diminuto agujerito en la pared se va haciendo cada vez más grande. Cuando el tamaño del agujero es casi como el de sus dedo índice derecho introduce éste por aquél y deja de crecer. Lo saca del orificio y nada ocurre. Lo vuelve a mirar por si fuera producto de su imaginación y ve que sigue allí, que algo ha provocado un pequeño desprendimiento de roca. Intenta otra vez con el dedo índice de la mano derecha hacer más grande el agujero pero la pared es demasiado dura. Decide dormir.
Cuando despierta el sol se ha escondido y la única luz que ilumina su estancia es la de la luna y las estrellas. Se levanta, orina en la esquina pertinente y defeca en la estipulada, agita su melena al viento y saborea tres moscas pequeñas y un puñado de hormigas que recoge mojando la punta del dedo pulgar derecho. Al ir a beber recuerda el agujero y descubre que su tamaño ha crecido. Busca en el interior de su cárcel al causante de aquel orificio y descubre cómo una rata de unos dos palmos está devorando sus defecaciones con insectos incluidos se sienta en la esquina que había usado de cama y la observa detenidamente. Después de ensimismarse durante unas dos horas el prisionero decide engordar al animal y comérselo. Pero una luz le vino a la mente en forma de gran idea. Decide domesticar a la rata y obligarla a hacer el agujero cada vez más grande, hasta conseguir que su cuerpo pueda pasar por él.
Ha pasado un mes desde que los prisioneros son dos. La rata mide tres palmos más y el ser humano pesa diez kilos menos, pues se ha alimentado de de una mosca y una cucaracha cad día. La rata comió todo lo que quiso y, además, las ganas de salir de allí del asesino hicieron que cada día le diera de comer a su compañera una pequeña parte de su cuerpo a cambio de que hiciera el agujero de entrada de la rata y de salida de los dos un poco más grande. Ahora se podía ver a través de él lo que afuera se les presentaría: arena fina. El asesino de vírgenes piensa que está en medio de un desierto y cree que lo mejor sería alimentar mucho más a la rata y, a lomos del roedor, atravesar la extensión abominable que le rodeaba.
Dos meses más tarde el asesino tiene dos pies sin dedos, dos manos sin dedos índices ni corazón, una cabeza sin orejas y diez kilos menos. El ser humano se ha alimentado de los excrementos de la rata y de su orina. La rata mide casi un metro de altura y el agujero es lo suficientemente grande como para que por él salgan los dos.
Los dos están fuera y atraviesan una décima parte del desierto bajo un sol aterrador. La rata tiene hambre y el antiguo prisionero no tiene nada que ofrecerle. Le da de comer su mano izquierda y le deja que chupe la herida hasta que el líquido carmesí deja de brotar. Le dice que pare pero la rata tiene más hambre. Entonces le da de comer su pie izquierdo, pues piensa que es el precio de la libertad y no le importa. La rata se come el pie izquierdo y muerde con fuerza hasta la rodilla del hombre que grita y pide que pare. La rata continúa y el siguiente mordisco le llega hasta la ingle izquierda. El ser humano suplica con las pocas fuerzas que le quedan que se detenga pero el animal se come de un mordisco la pierna derecha, y cuando acaba se come su brazo derecho, y luego el izquierdo, y cuando acaba se come la cabeza del hombre que hace unos minutos ha muerto suplicando clemencia a una rata, clemencia que él no tuvo con las pobres chicas vírgenes que murieron a manos del hombre que murió devorado por una rata.

27.9.06

UH

:)

 
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