24.3.07

HILOS

(A mi gente de "Harte una L")


Una enorme sonrisa asomó a sus labios. Llevaba mucho tiempo dándole vueltas al enigma y por fin, a su manera, lo había solucionado. No comprendía por qué, a lo largo de su vida, al pasar por el lado de alguien, al intecambiar alguna mirada o al sentir la presencia de un desconocido a su espalda, algo así como una suerte de descarga eléctrica se repartía por todos los rincones de su esquelético cuerpo.

Fue en el comedor de su piso; había decidido redecorar el techo de su multicolor habitación con nubes y, para llevar a cabo la misión personal del momento, tuvo que comprar discos desmaquilladores y buscar durante demasiado tiempo por cajones, armarios y estanterías unas tijeras, hilo blanco y celo. El celo lo encontró en una cajita que se ríe siempre de sus eternos despistes desde la estantería en la que, desordenadamente, habita un contubernio formado por Egidio el granjero, Roverandom, el chico Ostra, Taliesin, Merlín, un manual de bricolaje y un tal Lucas. A los demás los obviamos, pues parece que, en ese momento, estaban echándose una siesta. Muchas veces pensó en vender su alma al diablo y que, a cambio, éste le concediera el honor de descifrar el lenguaje insonoro que usaban entre ellos, pero prefirió vender los dedos de sus manos. Su alma valía demasiado para ser poseída por un simple y pobre diablo.

Descubrió que las tijeras que usaría más tarde estaban en el lavabo, en la reunión acicaladora de espuma de afeitar, pasta y cepillo de dientes, cremas y potingues raros para su delicada cara, desodorante y algún perfume que habría usado quién sabe si tres veces en un año, pues le mareaba el olor artificial. Quizás por eso los dos botes, guiados por el rencor, eran los encargados de avisar, entre jocosas carcajadas, de la llegada del eterno desaliñado. Por suerte para ellos vendió sus dedos al diablo.

El hilo blanco lo encontró en la cómoda roja, después de abrir siete cajones en los que descansaban medicinas, algunas de ellas caducadas, una Polaroid, varias barajas españolas y una del Uno, alambres, cuentas para fabricar pendientes y collares, las medallas que ganó en su niñez gracias al ajedrez, el salto de altura, el fútbol sala y el baloncesto, las carteras de su adolescencia y una inútil colección de cinco pins que no sabía de dónde habían salido.Nadie decía nada,todo estaba en el más absoluto silencio: la persona que los había colocado allí para su casi seguro eterno descanso era demasiado importante para ellos como para, a estas alturas de la vida, reírse de él. Su alma valía demasiado.

La creación de una nube con discos desmaquilladores es bien sencilla, pero hay que leer detenidamente las instrucciones y prestar mucha, pero que mucha atención a cada uno de los pasos:

primero creamos dos discos separando uno por la mitad; observaremos que la parte central es algodonada como las nubes. Cogeremos una y castigamos a la parte algodonada contra la mesa. A continuación, colocamos dos más formando una especie de triángulo y, después, hacemos el mismo triángulo un poquito más grande colocando tres medios discos.
El siguiente paso es el mismo pero a la inversa, obviando el paso de los tres discos, haciendo el tríángulo cada vez más pequeño. Al acabar la nube, uniremos todas las partes con trozos de celo. A él le han bastado dos en forma de cruz. Podríamos decir que una nube de discos desmaquilladores son dos triángulos iguales unidos por una base compartida de tres discos.
Acto seguido, se coge el rollo de celo otra vez y hacemos lo que en el colegio nos enseñaron que era una planta de cruz latina. Para ello usaremos dos tiras: una grande de la que uniremos un extremo pegajoso con uno no pegajoso y una más pequeñita repitiendo la misma operación, de tal manera que nos queden dos especie de elipses. Crearemos la cruz y la situamos encima de la media nube como si la bautizáramos en el nombre del espíritu santo y esas cosas y las aplastamos con delicadeza o no, eso depende del humor que tengamos en el momento de la creación, como siempre.
Después debemos crear la otra media nube y colocarla (recordemos: esta vez la parte algodonada hacia fuera) sobre la otra media nube. Y ya la tenemos. Chula, eh? Si no se entiende al releerlo es aconsejable que fabriquéis la nube realmente, no imaginariamente. En ocasiones, confiamos demasiado en el poder de nuestro pensamiento.

Hemos dicho que el destino de la nube era ser colgada en la habitación del parchís, como la llamaban sus amigos, y para poder colgarse necesitaba hilo. Y fue en ese momento que le sobrevino a la mente la idea de la teoría de los hilos empáticos.
Una idea es com un rayo: estás haciendo cualquier cosa insignificante y !Zas!, una especie de haz de luz que te ilumina se inserta quién sabe por dónde en tu cabecita y hace que en tus labios aparezca una sonrisa.

La teoría, como siempre, es un poco complicada de explicar porque es una idea que crea muchas ideas y, si bien una palabra es una idea, no siempre una idea es una palabra, ni tan siquiera muchas palabras. Por esta razón pondremos todo el empeño en hacer que podamos comprenderlo y porque alguna vez el chico-desaliñado-que-vendió-sus-dedos-al-diablo-porque-consideró-
su-alma-demasiado-valiosa había comentando en voz alta a quién sabe quién o qué que,algunos días atrás, ni él mismo la comprendía. Así que manos a la obra : fuerza de voluntad e inteligencia para todos. Si alguien no está dispuesto a continuar que se marche sin reparos, que nadie se va a enterar. Eso sí: la vocecita que corroe la mente es muy jodida a veces y puede volverse contra ti repitiéndote hasta la locura que qué demonios querrá explicarnos la teoría de los hilos empáticos.


LA TEORÍA DE LOS HILOS EMPÁTICOS.


La teoría de los hilos empáticos podríamos dividirla en tres partes:

-Nacimiento.

-Crecimiento.

-Transformación.

Al nacer, el ser humano está unido al mundo por una cantidad de hilos invisibles que depende de la gente que va a cruzarse en toda su vida. Podríamos decir que nacemos unidos a la gente que vamos a conocer en toda nuestra existencia a base de hilos. Cada hilo se dirige desde ti hasta otra persona que en un futuro va a cruzarse en tu camino. El hilo es invisible, repito, que ya veo a más de uno buscándolo o confundiéndose de hilo.

El crecimiento de este hilo depende de la interacción que tengas con el habitante del otro extremo. Una sonrisa, una mirada, un beso, una palabra, un gesto, una bofetada, una patada, una mala nota, un mal consejo, un buen consejo, todo lo que podéis llegar a imaginar que puede existir en una relación entre dos personas hace crecer o decrecer el hilo que las une. Cuando un hilo crece y crece y nunca decrece decimos que la conexión entre almas es perfecta. Pero eso está por ver si realmente existe. Eso sería lo que se denomina Utopía de la teoría de los hilos empáticos. Normalmente las relaciones se basan en continuos cambios de grosor del hilo, pero siempre aparece alguien que te hace creer en la utópica conexión, y eso es lo bueno de la vida: la esperanza en algo mejor que consiga llenar el vacío que reinaba en ti hasta la llegada de un hilo existente pero desconocido. Y es que aquí viene, quizás, la parte más importante de la teoría: para que se inicie la conexión entre las dos almas propietarias del hilo invisible empático una mano invisible, llamémosla dios, destino, casualidad, como queráis, eso es lo de menos, deberá dar un tirón al hilo para que las dos almas se den cuenta de que hay algo más que una simple mirada, una sencilla palabra o un insignificante gesto.
Y es entonces cuando notamos esa especie de descarga eléctrica en nuestro cuerpo, cuando nos tiran del hilo, cuando se crea una conexión empática entre dos seres. A partir de ahí, las circunstancias harán el resto y el hilo crecerá o decrecerá, pero nunca desparecerá.

La transformación es la fase final, lo que ocurre al morir, en qué devienen las almas y los hilos pero, esa parte, no puede explicarse ya que nadie ha venido de donde quiera que vayamos,si es que vamos a algún lugar, para explicarnos el desenlace. Quizás existen conexiones que ya se vivieron en otra vida y se repiten, de distinta manera o no, en ésta, pero eso es otra teoría y tampoco es plan de agobiar al personal con las paranoias del chico de las nubes.

Quizás todo hubiese sido más sencillo y más corto si la idea se le hubiese ocurrido al advertir que, antes de nacer, un hilo o cordón nos une a la primera persona que interactúa con nosotros durante, normalmente, nueve meses.Pero fue creando nubes como se le ocurrió. Así que nada, a seguir descubriendo y engordando hilos a base de descargas eléctricas empáticas.


22.3.07

HAIKU LIBRE

Melancolía:
soledad que derramo
en tu ausencia.

18.3.07

UH

:)

12.3.07

FRENTE AL ESPEJO

“La última imagen que quedó plasmada en su retina fue la de su asesino”. Esta semana había decidido que tampoco escribiría. Le comentaba su desidia al espejo argumentándole que la frase limitaba su capacidad de improvisación. Para él crear era improvisar: salir a la calle y absorber sonidos y miradas, olores y palabras. “La última imagen que quedó plasmada en su retina fue la de su asesino”. Esta semana, definitivamente, tampoco escribiría. Otra frase absurda en su vida. Creo que la última fue... no recuerdo... cómo dijo... “Tú y yo podemos ser amigos”. No. “Podemos ser amigos” a secas. Tan a secas que al final la amistad se secó... Pero eso es otra historia y deberá ser contada en otro libro, como diría Ende en La historia interminable. Ya lo sé: ya lo sabes. Acertaste, pero hoy no tengo gallifantes. Hoy me ha poseído el hombre de hielo. (Disculpen los demás lectores. Esto no es más que una nota con destinatario del autor. Paso de ponerla al pie de página con el asterisco dichoso. Me fastidia tener que parar de leer para saber qué demonios me quiere explicar casi al final de la página para, después de leerla, tener que volver a empezar la frase desde el principio. Es como una pérdida de tiempo. No hablemos con las notas al final del libro. Eso ya se podría considerar criminal. Y qué decir de las alusiones a otros libros, con la página en la que aparece dicha mención... eso es para quemar el libro).

Se estaba afeitando porque ya tocaba. Los pelos de su triste barba se entrelazaban en demasía y había decidido acabar drásticamente con las vacaciones de las tijeras que, de vez en cuando, utilizaba para recortarse las uñas de los pies y de su mano izquierda. Sí, porque las de la mano derecha estaban predestinadas desde hacía como diez años en acabar siendo devoradas por los dientes de su dueño. No, no se las comía. Sólo las mordía; después las escupía. Le encantaba jugar con las uñas mordidas. Es un sencillo juego. Seguramente lo habréis hecho alguna vez. Aunque bueno, quizás seáis de los que perdéis el tiempo cortando cuidadosamente el revestimiento córneo del extremo de los dedos ( por supuesto... definición de diccionario) y los depositáis en un cenicero, en el borde de la bañera o en cualquier lugar cercano a las yemas de vuestros dedos para cogerlas después de haber acabado con el acto narcisista del día y tirarlas fácilmente a la basura. El juego, que divagamos. Es sencillo. Consiste en situar la uña una vez cortada entre las paletas superiores e inferiores y hacer lo que él denomina "el efecto arco" con la uña. Sería como tensar un arco sin cuerda. Vamos a crear una greguería con el juego de la uña:
“Una uña cortada entre los dientes es un arco que se convierte en flecha una vez sale disparada hacia el vacío”. Podría estar mejor, pero es lo que hay. Existen muchas situaciones, tal vez demasiadas, en su vida que finiquita con la típica muletilla “ Es lo que hay”. Se mira en el espejo.

-Te estás haciendo viejete capullín. O espabilas o acabarás formando parte de nada y tienes cosas que hacer. Muchas cosas que hacer.

Mentira. Realmente él nunca tiene nada que hacer. Vive la vida sin aspiraciones. A veces piensa que él vive su muerte y por eso no hace nada, porque quiere extraerle todo el jugo a la dama de la parca. El Carpe Diem lo recomienda a ultranza a sus más allegados en cada cumpleaños, porque él sabe que ya empiezan a pesar los años en todos los que envejecen junto a él.
Mientras se echa la espuma de afeitar directamente sobre su mejilla derecha, piensa en el último sábado.

-Hoy es día de espárragos, capullín. Por fin haces algo que vale la pena.
-¿Este año vas a hacer el mismo ridículo que el año pasado?

Esto último lo dice imitando la respuesta de su hermano mayor, el chulo. Desde siempre le llama “el chulo”. Es un chulo, pero le cae muy bien, no obstante es su hermano mayor, el espejo en el que se mira según los psicólogos. Tonterías.
Se mira en el espejo ( se me olvidó decir que le gusta afeitarse desnudo, siempre después de la ducha) y descubre nuevas magulladuras en su cadera izquierda. Para coger espárragos suficientes para cocinar una buena tortilla o un buen revolitijo es necesario, por lo menos, sentir el pinchazo de unas veinte espinas, quitarte la zapatilla derecha un par de veces para sacar las piedras que se introdujeron en élla y caerte dos veces al suelo clavándote zarzas y rocas porque, aunque creas que eres un superhombre, eres tan torpe como los demás. Le viene a la mente...mirad. Mejor voy a dejar los juegos literarios para otro día y escribiré en primera persona del singular. Total: el que escribe es el protagonista de la historia. Me parece una pérdida de tiempo crear un narrador para contar mi vida.
El primer espárrago. No os lo creeréis, pero el primer espárrago del año me llevó a otro mundo. Como oíis¿ O se escribe” oís”? Gallifante para quien me lo diga. De hecho, gallifante para quien me diga las faltas que tengo. Vale, de acuerdo. Lo estáis leyendo, y eso imposibilita el concepto de oír al no ser que lo leáis en voz alta, como dicen los exégetas que se debe leer para captar la esencia de la historia. No. Yo no obligo a nadie. Nunca lo he hecho. Algún día lo grabaré. Prosigamos. Punto y aparte.
El primer espárrago. No os lo creereís, pero cuando lo cogí empezó a salir de la tierra, como si enterrado en élla hubiese permanecido a la espera de que yo lo cogiera, un duendecillo parecido a David el Gnomo, pero sin barba ni gorro rojo, sin zorro y sin Lisa. Tenía un sombrero que era una hoja de palmera y que había creado,seguramente, utilizando la técnica ancestral del origami. Parece ser que allí encima le creció el espárrago y parece ser que yo estaba predestinado a una empresa harto difícil.

-Llevo dos semanas esperando. Mi mujer se muere. Necesitamos sal para que sobreviva.

Yo sé que los gnomos se convierten en árbol al morir. De hecho, no mueren: se transfoman, se mezclan con la naturaleza. Lo vi en la tele de pequeño.Ese aprendiz de duende me estaba engañando.

-Sal? Que necesitas sal? Tú no debes estar bien de la cabeza, duendecillo. Yo vengo a buscar espárragos, no a hacer una barbacoa. Anda. Dame el espárrago...

No. No vamos bien por ahí. Eso no fue lo que le dije. No le dije nada. Me arrodillé frente al minúsculo agujero que había formado el cuerpecillo del duendecillo y con las manos escarbé hasta que mi cabeza, mis brazos y mi tronco cupieron en el orificio. Allí estaba yo, con medio cuerpo metido dentro del mundo del pequeño ser y medio cuerpo metido en el mundo en el que mi hermano seguía buscando espárragos. Vi a la mujer gnomo. Era una anciana pero no por ello dejaba de ser preciosa. En sus mejillas se podían advertir los otrora sonrojados mofletes; ahora la palidez desdibujaba cualquier efecto que intuyera vida. Estaba triste. Necesitaba sal y yo no la tenía. Al verla me acordé de mi antigua novia. Hacía como ocho meses que lo habíamos dejado y aún dolía de vez en cuando. Recordé los momentos felices junto a élla, las eternas promesas de amor eterno, los juegos, las peleas en la cama, las caricias, los besos... todo eso ya había pasado, pero el ser humano nunca olvida los buenos recuerdos y ahora me encontraba solo en un mundo cruel. “ !!!Adiós mundo cruel!!!” era la frase que me repetía cada día unas cuatro o cinco veces durante la semana siguiente al " lo dejamos", situado frente al espejo del cuarto de baño y apuntando con las tijeras-corta-uñas a las muñecas de mi mano. Bien chicos listos. No lo hice. Sigo aquí, escribiendo. Supongo que me salvaron las letras. Supongo que estaba predestinado a salvar la vida de una gnomo el primer día de espárragos del año.

Recordar a la única chica que me había hecho feliz en más de cinco lustros de existencia( podría decir casi seis, pero paso de malos rollos existenciales) provocó en mis ojos un escozor que derivó en lluvia de mis nubes-ojo, lluvia salada de mis ojos que lentamente resbalaba por las mejillas para caer despacito sobre el rostro de la duendecilla gnomo, abrigándola con la calidez de mis lágrimas saladas. Un sonido del exterior me alertó. Era mi hermano. Me estaba buscando, supongo que para enseñarme su extensa colección de espárragos. Le dije al gnomo que debía marcharme y me dio las gracias por salvar la vida de su mujer y del barranco en el que yo buscaba espárragos cada año cuando marzo te visita.
-Dime qué puedo ofrecerte.
-Nada gnomo. Me has hecho llorar, y hacía como siete meses que no lo hacía. Un ser humano sin lágrimas es un monstruo que vive sin sentir.
-Venga chaval. A mí no me vengas con tonterías. Ten este manojo de espárragos y dale con él en la cara a tu hermano, que ya va siendo hora de que, después de cuatro años buscando espárragos, le ganes.
Mi hermano apareció de entre las zarzas. Tenía un buen manojo, varias magulladuras y se sacó la zapatilla de la que salieron dos piedrecitas minúsculas.

-!Hombre capullín, pero si este año has triunfado!
-Qué va tío, no te lo vas a creer, pero me he encontrado a un gnomo que me ha pedido que ayudara a su mujer a sobrevivir. Necesitaba sal y yo me he puesto a llorar...
-Venga tío, no me calientes la cabeza con tus paranoias, que estoy de resaca.

Seguimos avanzando y me encontré con una serpiente negra enorme que se deslizaba entre unas cañas. Advertí a mi hermano con una sonrisa cómplice que me devolvió y seguimos caminando como cuando éramos pequeños y, en vez de espárragos, íbamos a buscar caracoles con mis abuelos. En esa época creo que yo andaba jugando con el gato con botas a ver quién era capaz de saltar más alto sobre los matorrales. A mi hermano le tocó ser el protector y a mí la imaginación, la capacidad de convertir cables en serpientes y espárragos en sombreros de gnomos.
Y, si no os importa, os dejo, que este capullín debe acabar de afeitarse, recrearse con "el efecto arco" y prepararse una tortilla de espárragos.

7.3.07

DESAPARECER

Volveremos a encontrarnos en algún camino que ofrezca el destino, ése en el que tú nunca has creído, ese en el que jamás pensaste, en el que jamás viviste.
Lentamente te vistes. Desapareces dando un portazo y el mundo son miradas. Los ojos de aquel antiguo deseo olvidado, las negras pupilas de aquella utopía inalcanzable, el iris oculto y transparente de un niño que jamás nacerá, la retina que aguarda la aparición de aquel antiguo deseo olvidado.
Volveremos a encontrarnos en algún sofá naranja en otro momento de nuestras vidas, en otro lugar de nuestro destino.
Volveremos a vernos y lo sabes, pero ya no será como antes, porque ya no quiero, porque ya elegiste y perdiste la partida, y perdiste mi confianza.
Volveremos a reírnos, pero no serán sonrisas inocentes, seran más bien forzadas.
Volveremos a besarnos, y serán nuestros besos terrones de sal que se van deshaciendo de a poquito con el agua de mis labios.
Entonces, cuando te arda la boca, cuando te des cuenta de que nos estamos equivocando, tú y yo desapareceremos.

1.3.07

AHÍ ESTÁ

Vive en sí mismo, lo que no tiene por qué significar que viva ensimismado. Seguramente por eso se reconozca como el solitario porque, a base de desgranar lentamente los conceptos que ante él se presentan como pausadas, mínimas e inesperadas gotas de lluvia, ha conseguido interpretar todas las señales del mundo. Desgraciadamente para todos nosotros, su decisión ha sido la de ignorar a la gente que le rodea. Por suerte para todos nosotros, la única función que ha adquirido de los de su especie es escribir. Se siente seguro entre letras. Le llamaremos la zeta mayúscula negra.

Vive en sí misma, lo que no tiene por qué significar que viva ensimismada. Seguramente por eso se reconozca como la solitaria porque, a base de desgranar lentamente los conceptos que ante élla se presentan como pausadas, mínimas e inesperadas gotas de lluvia, ha conseguido interpretar todas las señales del mundo. Desgraciadamente para todos nosotros, su decisión ha sido la de ignorar a la gente que le rodea. Por suerte para todos nosotros, la única función que ha adquirido de los de su especie es escribir. Se siente segura entre letras. La llamaremos la equis mayúscula negra.

La zeta mayúscula negra está mirando un árbol despojado de su vestido de hojas verdes y blancas flores. Sobre él, hace pocos segundos, una cotorra verde emitía sonidos que sólo él cree conocer.
Se sienta en un banco y la observa, como con todo lo que le sorprende. Está intentando descifrar el mensaje de las palabras que el creyó entender.

La equis mayúscula negra está mirando un árbol despojado de su vestido de hojas verdes y blancas flores. Sobre él, hace pocos segundos, una cotorra verde emitía sonidos que sólo élla cree conocer.
Se sienta en un banco y la observa, como con todo lo que le sorprende. Está intentando descifrar el mensaje de las palabras que el creyó entender.

“Ahí está”, se pregunta la zeta mayúscula negra.

“Ahí está” se pregunta la equis mayúscula negra.

Con el crepúsculo, la zeta mayúscula negra llega a la conclusión de que “Ahí está” es el título que debe ponerle al relato que escribirá al llegar a casa.

Con el crepúsculo, la equis mayúscula negra llega a la conclusión de que “Ahí está” es el título que debe ponerle al relato que escribirá al llegar a casa.

 
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