29.11.06

"...triple es la nada y triple es el poema
imaginación escritura y lectura"
L.M PANERO


Calor despide tu cuerpo desnudo
testigo en las dulces batallas.
Sobre el lecho dos pechos,
dos seres soñolientos que se enzarzan
como dueños de un recuerdo,
como sueños, como sombras
que callan, disfrutan y bailan,
como leños encendidos que crujen, rujen y escupen
sus ascuas sobre los otros y se apagan.
Aroma a aliento y besos cargados,
intuición de miradas sorprendidas en las sombras,
sonidos quejumbrosos,
la suspensión en el clímax,
abrazos pomposos,
caricias repetidas.
Somos ladrones de sentimientos.
Somos ladrones de flujos en continuo movimiento.

26.11.06

J o CUIDADO CON LA MIERDA

Ayer pisé una mierda. Posiblemente debiera cambiarla por inmundicia, heces, caca o excremento, pero es que aquello era una mierda en tres partes dividida.
Nos dirigíamos J y yo al concierto que A V ofrecía en la capital de la provincia donde intentamos vivir con lo que somos. Cogemos el metro, entramos y, al escoger un lugar entre la gente que allí se aglomeraba, vemos que hay tres restos escatológicos, uno de ellos aplastado. Ayer estrené mis zapatillas con excrementos de perro y dueño irresponsable. Y llegaron las risas con el olor a revuelto de mierda. Y las paradas. Cada una de ellas se convertía en una posibilidad de heces en la suela de un zapato y la consiguiente ruborización del elemento humano despistado. Y lágrimas de risa en J. Curioso también observar que la única persona que advirtió de la mierda a las demás fue una chica que segundos antes había reparado que en su suela se alojaban restos de inmundicia canina. El trayecto se convirtió en un juego de niños en clase de educación física: slalom para esquiadores, fintas para baloncestistas, pasos de ballet para bailarines, saltos para atletas de longitud,dribblings para futbolistas, mierda en los zapatos para los despistados y carcajadas lacrimógenas para J. Después llegaron el bocadillo de salchichón y cerveza, los diálogos sobre el amor, la amistad y las mujeres, el difícil encuentro de la sala en donde actuaba A V, la chica que nos acompañó hasta ella y que, de ir solo, habría entrado conmigo y quien sabe, el sitio de mi recreo, el paseo por el raval y el bar antiguo, polvoriento, de absenta con azúcar y dos chicas con el pelo rapado al dos- la segunda más bella que la primera, J- los diálogos sobre el amor, la amistad y las mujeres, la promesa de volver por aquellos recónditos parajes llenos de mentes interesantes y el sueño, el descanso de una jornada que será recordada porque ayer, en el interior del metro, se me concedió la teatral buena suerte de pisar una mierda. Pues eso, mucha mierda a todos.

25.11.06

SERES PERENNES

Las horas se detienen en cada suspiro que te dedico, en cada pensamiento que obtengo con tu imagen, en cada escalofrío que provoca tu recuerdo, en cada golpe de voz con el que te resume tu nombre. La lejanía de las olas de mar no impide que tu reflejo aparezca en mi ventana cada vez que en ti pienso. La lejanía que me atormenta se ríe cada día de mi rostro proyectado en el mismo espejo de todas las mañanas. No aguanto más este destino, aunque he de vivir con él porque pronto volverás. Sufrir por ti es mi destino, vivir por ti es mi deber, hacerte feliz mi misión en esta tierra, que me quieras como lo haces mi gratuita recompensa. La soledad que ahora es mi compañera invade mi mente de extrañas y sucesivas posibilidades, duras posibilidades en las que tú eres la protagonista y me duelen, aunque sólo sean creaciones de una mente enferma por tu ausencia. He aprendido a no creer en ellas. Contigo también he descubierto que todo lo que puedo pensar no es todo lo que puede ser y que todo lo que es es en todo lo que puedo pensar. Soy árbol cuando me tumbo bajo sus ramas y sigo con mis ojos el lento vaivén de sus hojas en verano, de sus flores en primavera y de sus brazos desnudos en otoño si es caduco. Pero el que yo prefiero no lo es: su perennidad me apasiona; y cada día que puedo voy a visitarlo para hacerle compañía en su eternidad de hojas perennes. Me considero un ser perenne y por eso me sumerjo en su mundo cuando estoy triste, porque los seres perennes somos tristes de nacimiento excepto cuando estamos juntos. También me desvivo por escuchar canciones de grupos perennes que acompañan mis amaneceres de despertador. Sus notas antiguas me hechizan y me animan para una jornada inaguantable sin ti, para otra jornada inexplicable sin tus besos, tus ruegos y tus quejas acerca de la apatía que muestro por hacer cosas contigo, acción que no entiendo y que intento cambiar después de decírmelo y consultarlo con todos los palíndromos seres perennes que habitan en mí. Me dicen que todo cambiará cuando la perennidad se haga en nosotros. Yo les digo que ya soy perenne, que tú ya eres perenne. Pero ayer me descubrieron la verdadera perennidad del ser humano: dicen que hasta que tú y yo no logremos estar siempre juntos sólo seremos dos perennes solitarios que se unen de vez en cuando. Tú y yo nunca seremos un ente perenne, ¿verdad?

16.11.06

M

M se ha convertido en un anfibio; suele trasladarse desde el sofá del comedor, el asiento del automóvil , la silla de la mesa del comedor, el sofá de la sala de estar, la cama del dormitorio, las partidas de frontón cada vez más pendientes con el mítico estamos en contacto (sí, vale, soy yo el culpable, pero sueño acumulado+ no tiempo= no frontón ), los partidos de fútbol sala con los amigos, las cenas con los amigos, las cervezas o cola o zumo de piña con los amigos, los problemas de los amigos, los momentos siempre cómplices y necesarios con M femenina, la familia, el criador más anfibio todavía que él de discos o lunas, (lo siento, no me fusiles si no recuerdo), los viajes, los fines de semana, la música......a un estadio de agua, plantas y maquinaria oxigenante que para otros podría llegar a ser algo preocupante. M suele ir a la nevera y coge un trozo de sustancia congelada que seguro desprende un olor a problemas astronómicos gastrointestinales, mira cómo el luna o disco (no recuerdo ahora) se mueve y qué chulo, pero no se mueve en estos momentos porque son muy tímidos y hay mucha gente ( si yo tímido entonces yo = pez luna o disco ¿entonces yo = anfibio también?). Ahora son los neones los que salen a flote aunque siempre floten o buceen o naden yo qué sé, y se comen el congelado mientras los discos luna o lunas disco se camuflan detrás de unas plantas como avestruces que meten su cabeza en el suelo, pues se les puede observar aunque ellos no lo deseen. Y en la sala de estar dos neones cabezas de turco o conejillos de indias o ratones de laboratorio comprueban que el agua está suficientemente oxigenada. Y ahora están en suspensión porque duermen la luna, el disco y los neones... Tío una pecera te encantará, te lo digo yo, pero yo no puedo M, ahora mismo lo único que puedo permitirme es un gato que ronronee y pase de mí, que no me pida nada porque no tengo tanto tiempo ni escamas, ni branquias, ni floto, ni buceo como tú en tu mundo de peces extraordinario.

15.11.06

UH

:)

10.11.06

ESTANTIGUA

Moriste, juro que hubo un día que moriste
y al cabo te presentaste en forma de lágrima,
de mar inmenso,
(Mar y nada más,
siempre dando más),
mar lejano imperfecto,
mar al que amar,
de amarillas aguas otoñales,
de hojas, de árbol, de sauces,
( no podías ser otro árbol:
el eterno lacrimoso que devoro con miradas penetrantes),
mi hada, mi amada,
mi ángel guardián que resucitaste
para subiendo escaleras encontrarte
y encontrarme sin encontrarnos,
que suben,
que bajan,
empiezan y se acaban,
se acaban,
se acaban,
por qué todo se acaba...
Anoto la nota de tus labios
como música diciéndome te quiero,
como recuerdos agobiantes que no quiero perderlos
pero tampoco tenerlos
porque me duelen,
y huele a sauce y lacrimosa,
a crimen de dos almas rotas,
justiciero de pan lleno en un agujero llamado Nevermore.
Me dueles, como a todo el mundo me dueles,
y no quiero otra cosa que el dolor que tú sientes
para liberarte de las serpientes
que atolondran tus sienes,
que se alimentan de tu mente
y un corazón doliente.
A menos, como siempre de más a menos,
como siempre te echo de menos.
Queda algo al menos:
la flecha con la que a mi corazón asesinaste al amarme,
la flecha que si arranco un barranco y al suelo,
como ya te dije al cielo,
al infinito,
eternos,
etéreos,
estantiguos,
estáticos ante el amor antiguo.
Y pensar que moriste,
que hubo un día que moriste.

4.11.06

LA CAÍDA DEL HOMBRE PÁJARO

La noche es fría. La luz se dejaba entrever sobre unas montañas que, a lo lejos, cobijan un frondoso bosque de sauces llorones. En un claro de ese bosque una luz encendida que, a lo lejos, no es más que una triste chispa. En esa casa, un hombre desahuciado por los acontecimientos de la vida lloraba lágrimas que el amor sólo otorga a los mortales merecedores de conocer la amplitud del verbo amar. El alma del hombre era una telaraña hilvanada con sentimientos a veces prematuros, a veces tardíos. Su mente, un cenicero repleto de minutos perdidos intentando encontrar una solución.
La noche es oscura. La luna llena hace tiempo se despidió, ocultándose detrás de un horizonte sempiterno. Las olas compiten con los sauces llorones y encrespan el mar ayudadas por el viento que agita las delicadas ramas del triste bosque. La casa del claro está vacía. El hombre camina lento y sin sombra bajo un cielo inundado de estrellas que centellean, cabizbajo, absorto en sus pensamientos de autodestrucción mientras una lágrima que lentamente resbala señala en su rostro el camino que instantes antes recorrió la perla salada que ahora pertenece al suelo del bosque de los sauces llorones. Su mirada destila rabia. Su rostro, impotencia .Su corazón... su corazón no siente nada.Cuando el eterno palpitador lo da todo y después descubre que quien lo ha llenado te está engañando se vacía súbitamente, y sabemos que todo lo que está vacío pertenece al mundo de los muertos.
El hombre va en busca de su muerte, y qué mejor lugar para morir que el acantilado desde el que había visto tantas veces junto a élla la salida de la luna sobre las montañas lejanas y su puesta bajo el siempre eterno horizonte.
La caída del hombre pájaro es de una belleza plástica aplastante, equiparable tan sólo a la de un ahorcado. Tras un largo salto, el hombre pájaro extiende sus brazos lateralmente, sus piernas rectas, inmóviles, sus ojos cerrados que no impiden la caída de una última lágrima, ésta de deseo cumplido. Los labios sonrientes, el corazón inerte.
El descenso del hombre pájaro no es más que un libre ejercicio de dejar hacer, de abrir completamente todos los sentidos y disfrutar del placer que se siente cuando un sueño se ve cumplido. El cuerpo del hombre cae y cae, cae con tanta gracia y rapidez que la atracción que la tierra, oculta bajo las olas y las rocas del mar, ejercen sobre él parece una declaración del mutuo amor que ambos llevaban meses esperando.
El golpe del hombre pájaro es inevitable. Su cuerpo no es más que un bulto estampado y destrozado por aquella roca que ambos bautizaron, cuando aún creía en el amor, como La cruz de Satanás, una cruz que ahora está rodeada por una tenue capa de agua carmesí, pedacitos de carne, órganos sangrientos y el aroma de muerte añorada.
La muerte del hombre pájaro no importa: hacía meses que había muerto.

 
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