Yo no sé cómo empezar esta triste historia que se me repite en las entrañas del estómago cada vez que pienso en ella. Yo no sé cómo acertar con las palabras, cómo encadenarlas y hacer que el todo funcione, yo no sé cómo hacerlo, y lo más duro es que un día supe.
En una cama una chica temblorosa llora. No sueña, no es a causa de una pesadilla, no es un amor traumático, no es una mala nota, no es nada de eso. La chica llora y no sabe por qué, la chica llora para derrochar las lágrimas que le sobran, la chica llora y balbucea que quiere ahogarse en ellas como el chico que nada sin fuerzas en el centro de algún océano. Dinos qué te pasa pequeño temblor de piernas, de manos, de dedos, de brazos, dinos cómo acaba este cuento que no sé cómo ayudarte.Nunca has perdido la esperanza de algo bueno, nunca has perdido la sonrisa hasta hoy, y deseo con todas mis fuerzas que todo se te solucione pequeña, que no nos asustes más con extrañas concesiones propias de un demonio interior que juega con tu alma enfundándose en ella, robándote lo más preciado del ser humano, haciéndote sufrir como no te mereces, inculcándote rarísimos pensamientos en lo más profundo de tu encantadora alma, en ese alma que me has abierto como se abren las ventanas en invierno para ver las deliciosas y delicadas lluvias de noches negras y nubes oscuras con sonrisa en los labios.
Eleva tu infinita bondad que hace derramar tristes perlas saladas de los ojos, lágrimas de mis ojos, tristes por no verte, tristes por reconocerte en las imágenes que llevo entre las hojas de un libro en la mochila cada vez que me despierto, cada vez que veo mi mochila, cada vez que me acuesto. No olvides que te quiero mi niña, no olvides que te quieren, no olvides nunca que si sufres sufro y sufrimos, no olvides que si mueres muero seguro, sin pensármelo dos veces, desde un barranco al suelo, desde un ataúd contigo al cielo, desde el cielo al infinito, desde el infinito siempre eternos, dos almas deambulando enamoradas y sin lloros ni temblores en tus labios, sin repentinas concesiones, sin repentinos desconsuelos ni débiles lloriqueos.
No lo entiendo, aún no lo entiendo. Dinos qué te ocurrió aquella noche en tu casa que mi alma se siente culpable por sentirse algo, porque no siente si no te veo. Vivo sin ti porque otra cosa más drástica hacer no quiero, y tu llegada ansío con delicado esmero, como el vómito de agua desde cualquier nube y su trueno, y el relámpago venidero. Dime si moriste aquella noche, que sin la respuesta reencontrarme contigo no puedo.