25.11.06

SERES PERENNES

Las horas se detienen en cada suspiro que te dedico, en cada pensamiento que obtengo con tu imagen, en cada escalofrío que provoca tu recuerdo, en cada golpe de voz con el que te resume tu nombre. La lejanía de las olas de mar no impide que tu reflejo aparezca en mi ventana cada vez que en ti pienso. La lejanía que me atormenta se ríe cada día de mi rostro proyectado en el mismo espejo de todas las mañanas. No aguanto más este destino, aunque he de vivir con él porque pronto volverás. Sufrir por ti es mi destino, vivir por ti es mi deber, hacerte feliz mi misión en esta tierra, que me quieras como lo haces mi gratuita recompensa. La soledad que ahora es mi compañera invade mi mente de extrañas y sucesivas posibilidades, duras posibilidades en las que tú eres la protagonista y me duelen, aunque sólo sean creaciones de una mente enferma por tu ausencia. He aprendido a no creer en ellas. Contigo también he descubierto que todo lo que puedo pensar no es todo lo que puede ser y que todo lo que es es en todo lo que puedo pensar. Soy árbol cuando me tumbo bajo sus ramas y sigo con mis ojos el lento vaivén de sus hojas en verano, de sus flores en primavera y de sus brazos desnudos en otoño si es caduco. Pero el que yo prefiero no lo es: su perennidad me apasiona; y cada día que puedo voy a visitarlo para hacerle compañía en su eternidad de hojas perennes. Me considero un ser perenne y por eso me sumerjo en su mundo cuando estoy triste, porque los seres perennes somos tristes de nacimiento excepto cuando estamos juntos. También me desvivo por escuchar canciones de grupos perennes que acompañan mis amaneceres de despertador. Sus notas antiguas me hechizan y me animan para una jornada inaguantable sin ti, para otra jornada inexplicable sin tus besos, tus ruegos y tus quejas acerca de la apatía que muestro por hacer cosas contigo, acción que no entiendo y que intento cambiar después de decírmelo y consultarlo con todos los palíndromos seres perennes que habitan en mí. Me dicen que todo cambiará cuando la perennidad se haga en nosotros. Yo les digo que ya soy perenne, que tú ya eres perenne. Pero ayer me descubrieron la verdadera perennidad del ser humano: dicen que hasta que tú y yo no logremos estar siempre juntos sólo seremos dos perennes solitarios que se unen de vez en cuando. Tú y yo nunca seremos un ente perenne, ¿verdad?

4 comentaris:

Anònim ha dit...

hoy todos apostáis por la perseverancia, por lo peremne; y yo, por llevar la contraria quiero el cambio. Creo, además poseer esta vocación por la inestabilidad, el vértigo y la novedad, que lo vivo no puede ser peremne: lleva el sello de caducidad desde que sale de fábrica. Muere mil quequeñas muertes (quién soy yo, el de hoy, el de ayer, el de antes de ayer, el de mañana), ninguna definitiva hasta la última que le hace peremne y muerto.

Antonio Iñigo

http://antonioinigo.ueuo.com

Popi ha dit...

Hola Antonio. Es cierto que el ser humano es un continuo cambio, una mutación constante de seres y pareceres, pero creo que hay aspectos en cada individuo que nos acompañarán hasta que llegue la muerte. Y a esos me refiero yo, a los estados perennes de cada uno.

Anònim ha dit...

¿Te gustaría reescribir mi biografía?

Popi ha dit...

Te pondré a a parir. XD

 
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.