CÓDIGOS DE BARRAS
Observo con dedicación la soledad de un transeúnte meditabundo apoyado en el poste de aquel semáforo en verde, recuerdo con nostalgia el nerviosismo del antiguo poeta ante la hoja en blanco y el estupor ante la pérdida de lo ansiado, me niego a reconocer que jamás volveré a ser el que antaño gobernaba todo el universo que me rodeaba, no soporto vivir con la idea del fracaso más tiempo. Mientras queden palabras en el mundo mi deseo de alcanzar el éxito no se desvanecerá, y lo primero que he de hacer es buscar ideas en los árboles, en el vuelo de esa avispa, en el sabor del chocolate negro, en las notas de la canción que ahora suena en mi equipo. Es difícil, pero, créeme, lo conseguiré.
El chico que pasea por el parque de los eucaliptos tiene el rostro triste, parece un ser angustiado, puede ser el protagonista perfecto de un poema sobre las consecuencias del amor en el rostro de un ser humano, o de un cuento que trate de un chico que cansado de tanto desastre decide refugiarse en unos pensamientos que poco a poco le absorben convirtiéndolo en un fantasma que pasa desapercibido para todos los mortales, o de un ensayo que nos cuente los trastornos de una sociedad que poco a poco nos va engullendo y nos transforma en seres sin metas, sin inquietudes, con la única aspiración de un trabajo mejor que nunca llega.Los códigos de barras son un lenguaje que muy poca gente conoce pero que todo el mundo tiene en su casa, el bolígrafo puede ser verde, rojo, negro o rosa, pero sea del color que sea, siempre acaba perdiéndose, es como el mechero, pero este da fuego, fuego que puede acabar quemando todo un bosque de eucaliptos en unos pocos minutos con chico triste incluido, al no ser que sea este el que ha utilizado el mechero, algo que deberá investigar el correspondiente cuerpo u organismo que desempeña tales funciones, el vaso de agua depende de tu estado de ánimo para determinar si está medio lleno o medio vacío, la luz encendida gasta dinero si no estás dentro de la habitación que ilumina o si es de día, si es al contrario gasta también pero no es lo mismo, la luna cambia de forma y su luz es gratuita, como la del sol, pero la del sol es suya y la de la luna es prestada, como el sol te presta a ti su luz y, ¿cómo se lo agradeces?, destruyendo poco a poco los bosques con mecheros pirómanos, con códigos de barras en la celulosa, en las bombillas que son su competencia, pues por nuestra culpa ya nadie necesita la luz de la luna y nadie la mira, excepto los ladrones que ansían la luna llena, si es que no tienen la desgracia de acabar entre rejas, como rejas son los códigos de barras, pero estos con números debajo en vez de tenerlos detrás, enganchados en el traje de los que queman bosques continuamente o violan a chicos y chicas a la luz de su amiga la luna y con el consentimiento inconsciente de las fuerzas de seguridad que en ese momento estaban comprando café en la tienda que abre todo el día y que , curiosamente, no hay nada en ella que no sea distinguida con el loable placer de llevar impreso en su parte visible un estupendo código de barras normalmente negro, color que me recuerda que debo ponerme de luto porque ayer murió un chico que estaba apoyado en un semáforo en verde para los automóviles y que uno de esos bólidos controlados a veces por delincuentes mentales acabó arrollándolo y el chico es ya historia, y el conductor ahora debe estar detrás de uno de esos códigos de barras metálicos de alguna prisión o, quien sabe, puede ser posible que esté matando a más chicos que se apoyan en los semáforos esperando para pasar, pues así va el mundo, tan rápido que las únicas estrellas que podemos ver son las que nos dicen en la tele que son las estrellas del momento y no digas que no las conoces, que se te cae la cara de vergüenza al ver que todos se ríen de ti, así que hoy por la noche verás ese programa en vez de ir a acompañar a la luna y a los ladrones lunáticos, en vez de descansar plácidamente en el tejado de tu casa mirando aquella constelación que se parece a la chica de la que hoy te has enamorado cuatro veces, una cuando te has despertado y la has visto abrazada a ti, otra cuando te ha cogido más fuerte al sentir que le dabas un beso, otra cuando te ha dicho con esa vocecita de bella durmiente que te tiene en el bolsillo que si querías algo de desayunar y otra cuando en el transcurso de una canción de vuestro grupo preferido te ha dicho otra vez que te quería y que nunca nada ni nadie hará que os separéis, y poca gente piensa en un mundo mejor para todos, no sólo para los que deciden qué código de barras llevará esa camiseta con el nombre de tu grupo preferido o el paquete de café que tomarás por la mañana y a los que debemos agradecer que aún no hayan decidido embotellar el aire y encasquillarle al oxígeno que en él se encuentra un código de barras. Cuando lleguemos a esos límites espero estar muerto.

2 comentaris:
Pos va ser q tens rao..a vera si marxa la llum més sovint de les cases i tots fem allò q realment ens vingui de gust..
Ens imposen una llibertat controlada... el que em fa pensar que no som lliures... i tot per culpa d'uns degenerats... per aquesta societat? Uróboros, el peix que es mossega la cua...XD
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